Historia del Santo Niño Pelayo

On 3 diciembre, 2012 by admin

santo niño pelayo

Su día en el santoral católico es el 26 de junio

SAN PELAYO MARTIR.

Era un niño hermoso, de piel blanca, de cuerpo proporcionado y rostro sonriente, de manera que aún los guardias de la prisión en que vivía, lo veían con afecto y aprecio y con cierta lastima. Se llamaba Pelayo y era

Sobrino del Obispo Hermogio, en la ciudad de Tuy, en los tiempos del dominio de los moros.

El poderoso Emir de Córdoba tenía preso al Obispo Hermogio y para dejarlo libre había pedido le llevaran al niño Pelayo. Se hizo el cambio y el pequeño permanecía en la mazmorra añorando los breves años de felicidad pasados, a la sombra de la basílica episcopal de Tuy.

Tiempos tan lejanos e imágenes tan idealizadas, de cuando moros y cristianos se odiaban a muerte y vivían en guerra constante…

Iba a cumplir ya 14 años de edad, los cuatro últimos pasados en la prisión. La ciudad era famosa por sus mezquitas y palacios de mármol, por su riqueza, pero también por la corrupción y costumbres libertinas de los gobernantes y poderosos.

Gobernaba el reino Abderrahmán III y harto de los placeres que le proporcionaban las jóvenes de su harén, empezó a buscar gozos y deleites estrafalarios y fuera de lo natural.

Un día, Pelayo rezaba al Señor a quién había aprendido a amar desde que tuvo uso de razón, pidiendo llegará el día de su libertad, cuando llegó uno de los guardias y le dijo con voz amable: -Muchacho, te felicito; el rey se ha acordado de ti y quiere honrarte.

Pelayo empezó a temblar, porque presentía lo que iba a suceder en aquella corte podrida. Lo iban a llevar al alcázar, pero antes lo vistieron elegantemente con telas de seda, luego de haberlo bañado; el pelo lo rizaron y peinaron y lo ungieron con aceites y perfumes finísimos. Fue llevado al gran salón en que el pervertido Abderrahmán recibía los halagos de sus cortesanos.

Pelayo rezaba y más cuando el poderoso califa, le ofrecía sus y honores, con la condición de que se hiciera musulmán y correspondiera a sus propósitos.

-Todas sus riquezas no valen nada. Jamás voy a renegar de Cristo que es mi señor y el tuyo, aunque no quieras. Eso dijo Pelayo pero moro trató de acercársele, a lo que el santo, porque es San Pelayo mártir, reaccionó con justa indignación. Luego la furia del despreciado gobernante y el castigo terrible para el joven Pelayo: fue colocado en una máquina de guerra, como una catapulta y lanzado desde el patio del alcázar, hasta el otro lado del ancho río. Ahí llegó un esclavo negro y corto la hermosa cabeza del muchacho. Era el 26 de Junio del año 925.

STO. NIÑO PELAYO 4115 STO. NIÑO PELAYO


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *